Trabajo infantil: una imposición del capital
Trabajo Infantil: una imposición del capital
Eduardo Lucita*
El mayor negocio deportivo del mundo ha comenzado en Sudáfrica y los medios de comunicación sobreabundan en su cobertura hasta la saturación, sin embargo esto no debiera ocultar el día en que el mundo ha dedicado a la Lucha contra el Trabajo Infantil.
Cada cuatro años el fútbol concita la atención de millones de fanáticos y seguidores de un deporte que mueve millones de dólares en el mundo, que conlleva una suerte de divertimento en el que cada vez son menos los que lo juegan y más los que lo miran por TV. Es al mismo tiempo una gran maniobra de distracción ideológica y política. Así el sábado pasado, en que nuestro equipo nacional realizó su primer entrenamiento serio frente a Nigeria, pasó casi desapercibido que coincidió con el día en que las Naciones Unidas han declarado como “Día Internacional de Lucha contra el Trabajo Infantil”.
La explotación de la niñez en el mundo
La OIT, que define como sometida a trabajo infantil aquella población que va desde los 5 a los 17 años, en su reciente Informe global 2010, informe que produce cada cuatro años, coincidentes con el evento futbolero mundial, da cuenta que en el período 2004-2008 el trabajo infantil en el mundo se redujo en apenas un 3 por ciento, alcanzando los 215 millones de chicos, de los que 153 millones son niños/as cuyas edades van desde los 5 a los 14 años. De estos, 115 millones realizan trabajos peligrosos.
Regionalmente la zona más afectada por la explotación de la niñez es Asia y el Pacífico con 113.6 millones de niños/as; luego el Africa Sub-sahariana con 66.1 millones, le sigue América latina y el Caribe con 14.1 millones, los 22.5 millones restantes se distribuyen en diversas regiones. La actividad agrícola concentra el 60 por ciento del trabajo infantil; los servicios el 25, la industria el 7 y otras actividades el resto.
Como puede verse el capital no distingue edades, sexos, actividades ni regiones en la explotación de la niñez. Si como dice David Harvey en los 30 años de hegemonía neoliberal el capital ha regresado a formas propias de la acumulación primitiva –exacción de recursos naturales, apropiación de tierras y del capital social acumulado, expropiación de espacios públicos, saberes y culturas- también lo hace con el trabajo infantil. Como en los orígenes del capital.
El trabajo infantil en Argentina
Nuestro país no escapa a estas tendencias mundiales de la explotación capitalista. Agrega sí condiciones propias. Como que se da en un contexto donde aún con la implementación del Salario Universal por Hijo más del 20 por ciento de los menores de 18 años no tienen ninguna cobertura social. Además debe considerarse el impacto y los diversos síntomas y patologías sociales asociados: violencia; adicciones; participación de menores en acciones delictivas; mortalidad infantil; bajo rendimiento, fracaso y deserción escolar. Miles de chicos, especialmente niñas, asumiendo responsabilidades domésticas por ausencia de los adultos, chicos abandonados en las calles o realizando las más diversas actividades laborales.
En Argentina no existen cifras actualizadas que permitan saber cuántos chicos trabajan. La última medición deriva de la encuesta sobre “Actividades de niños, niñas y adolescentes” (EANNA/ 2004), realizada por el Ministerio de Trabajo, el INDEC y el Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil. La encuesta alcanzó al 50 por ciento de la población de entre 5 y 17 años, arrojando que unos 450.000 estaban sometidos a la explotación laboral. Sin embargo otras estimaciones hacen llegar estas cifras por arriba del 1.500.000 de niños/as que realizaban las más diversas actividades laborales, tanto en el área rural como urbana.
En las ciudades, los chicos que trabajan se dedican a la recolección de residuos en vía pública, a la venta ambulante, al reparto de estampitas, a la venta de productos o flores en bares, al trabajo doméstico en hogares ajenos o propios, al cuidado de hermanos. Mientras que en el ámbito rural el 79 por ciento lo hace junto a sus padres o familiares. En el campo se registra una alta presencia de trabajo infantil dentro de la unidad familiar pero destinado a terceros: el trabajo a destajo es una de las principales modalidades de contratación del trabajo infantil.
Esta realidad tiene consecuencias dramáticas para el futuro de la niñez. La EANNA puso en evidencia que el 25% de los adolescentes que trabajan no asiste a la escuela (en las zonas rurales ese porcentaje llega al 62 por ciento, en las ciudades al 21). La inserción laboral temprana afecta los logros escolares que se expresan en: llegadas tarde (18,7 por ciento), inasistencias frecuentes (19,8 por ciento) La repitencia se agrava entre los niños que trabajan, pues alcanza al 30 por ciento, el doble de los que no trabajan. En los adolescentes las cifras de repetición llegan al 43 por ciento, mientras que entre los que no trabajaron el porcentual es de 26. En cuanto a la incidencia de la escolarización la encuesta revela que uno de cada cuatro adolescentes que trabajaron en la semana de referencia no asiste a la escuela.
Un problema también cultural
Una investigación de la CTERA da cuenta que “Existen pautas culturales y creencias que continúan justificando el trabajo infantil. En algunas familias consideran que los niños/as deben aprender desde pequeños el oficio de sus padres y así prepararse para la vida. Por otra parte, hay sectores de la comunidad que no ve el trabajo infantil como un problema, y creen que los chicos que trabajan colaboran para que la familia se eleve por sobre la línea de la pobreza”. Consideran al trabajo infantil como consecuencia de la pobreza, cuando en realidad debe ser enfocado desde la perspectiva inversa. El trabajo infantil es causa de pobreza, ya que los niños/as que trabajan y abandonan la escuela, la mas de las veces seguirán en el círculo de la pobreza. Una sociedad con trabajo infantil no hace más que acentuar las desigualdades y multiplicar la pobreza, de las que saca buen provecho el sistema del capital.
Como todos los años desde que se estableciera el 12 de junio como Día Internacional para la Lucha Contra el Trabajo Infantil, es una buena oportunidad para discutir políticas públicas concretas no meramente declarativas, para erradicar este verdadero flagelo social que el capital impone para satisfacer sus necesidades de acumulación..
*integrante del colectivo EDI-Economistas de Izquierda.
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3 de Julio de 2010 www.enlacesocialista.org.mx