Sobre Repsol y el autoabastecimiento energético
Por Guillermo Almeyra -
Tuesday, Apr. 17, 2012 at 6:29 PM
Ese griterío es un reflejo preventivo. En efecto,
todas las empresas (de servicios o bancarias) con mayoría de capitales
españoles en Argentina no sólo aportan muchas más ganancias que sus
casas matrices ibéricas sino que logran estas superganancias porque
depredan y no invierten en el país ni renuevan el material desde hace
décadas, cuando el peronismo menemista privatizó todas las empresas de
interés nacional vendiéndolas por casi nada. Argentina ya estatizó a
Aerolíneas Argentinas, que había sido destruida por Iberia y por el
grupo Marsans y exige ahora de las empresas telefónicas y de
electricidad un servicio eficiente que éstas se niegan a dar pues
prefieren mandar sus ganancias a España en vez de reinvertirlas. De ahí
que, viendo lo de YPF, pongan sus barbas en remojo.
El gobierno
de Cristina Fernández no fue picado por ningún tábano nacionalista. La
misma presidenta, cuando era senadora en los 90, presentó un proyecto de
ley para privatizar el petróleo. Ella y su marido, gobernador de la
provincia petrolera de Santa Cruz, aprobaron la política privatizadora
de Menem, el ingreso de Repsol en YPF y la peligrosa fragmentación del
control nacional del petróleo que pasó a manos de las provincias
extractoras. Además, durante muchos años el kirchnerismo no dijo nada
sobre el carácter depredador de la empresa petrolera privada; es más, lo
reforzó permitiendo que un grupo de sus amigos capitalistas –el grupo
Petersen (de la familia Eskenazi)- sin poner un peso propio comprarse un
importante paquete de acciones con crédito público y, hasta el año
pasado, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner anduvo del brazo
con Repsol.
La presidenta que regala a la depredadora gran
minería estadounidense-canadiense los recursos andinos y permite a
cuatro monopolios sojeros transnacionales poner en riesgo suelos y agua y
amenazar los cultivos alimenticios y que concede una base en el Chaco a
Estados Unidos no es, precisamente, un modelo de nacionalismo. Si ahora
empieza vestirse de blanco y celeste y se pone el bonete frigio, tanto
en el caso de las Malvinas como en el de YPF, es por motivos bien
concretos. O sea, por el agravamiento de los efectos de la crisis
económica mundial sobre la frágil economía dependiente argentina y por
la necesidad de responder a la creciente agitación social (el año pasado
hubo más movilizaciones y paros que en el 2001).
Entendámonos:
las Malvinas son argentinas y el reclamo es legítimo. Lo ilegítimo es
que una causa justa sea utilizada para tapar y poner en segundo plano la
imposibilidad de mantener los subsidios a los servicios y la canasta
básica, de resolver el desastre del sistema ferroviario o de hacer
aceptar el intento de congelar virtualmente los salarios al proponer un
tope por debajo de la inflación real en las discusiones paritarias.
YPF, por supuesto, debe ser un instrumento para el desarrollo nacional,
nunca debió ser privatizada y mucho menos aún cedida a Repsol, como lo
fue con los gobiernos peronistas de Menem y de Néstor y Cristina
Kirchner. Si ahora ésta expropia las acciones de Repsol y construye una
empresa privada paraestatal con control del Estado es porque la factura
de la importación energética llegó a ser casi igual al excedente
argentino en la balanza comercial y continuaba creciendo, ya que Repsol
no exploraba ni explotaba nuevos yacimientos ni reinvertía sus enormes
ganancias.
Repsol sigue siendo una empresa mixta, ahora con
mayoría de capital estatal y todavía con participación importante de
capitalistas privados. No ha sido convertida en empresa estatal ni
desprivatizada, como sugiere tanto la prensa española como la argentina.
La acción, aunque tardía, parcial e insuficiente, es necesaria y debe
ser apoyada. Sin embargo, para que YPF funcione bien hay que tener los
capitales necesarios para explorar y explotar nuevos yacimientos de gas y
de petróleo, hay que tener los técnicos y las técnicas que potencien la
producción y la refinación porque la relativa mejoría económica en los
últimos años hizo crecer el consumo domiciliario y las necesidades
energéticas. El autoabastecimiento energético no se logrará en un día.
Además, la Argentina tiene reservas pero no es un país petrolero y sus
necesidades serán cada vez mayores.
Otras son pues, las
soluciones. En primer lugar, Repsol causó daños por acción u omisión. No
hay que pagarle nada, ni los 10 mil millones de dólares que pretende ni
los cerca de seis mil que podría pagar el gobierno. Ese dinero debería
volcarse a la exploración y explotación petrolera recurriendo a los
conocimientos y capacidades de todos los petroleros argentinos
expulsados por la privatización de YPF. Al mismo tiempo Argentina
debería buscar una integración energética con el resto de los países
latinoamericanos, compensando con la cooperación industrial las
diferencias que puedan existir en las cuentas de importación-exportación
de combustibles y establecer el control de cambios y el monopolio del
comercio exterior para no dejarlo en manos de las grandes empresas
extranjeras y para evitar la fuga de capitales. El patrioterismo es el
argumento de los canallas para engañar imbéciles. Que los siervos en
España del gran capital lo esgriman para ocultar su crisis y la
desocupación. En Argentina, por el contrario, el consenso necesario para
anular las contra medidas capitalistas se debe lograr diciendo la
verdad y con acciones audaces.
----------------------------------------------------------------------------18 de Abril de 2012 www.enlacesocialista.org.mx