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Israel y las revoluciones árabes

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. La mirada colonial.
Israel y las revoluciones árabes
VS 0 | | sección: web | 08/04/2011
Entrevista con Michel Warschawski

A mediados de marzo, Michel Warschawski, militante antisionista y fundador del Centro Alternativo de Información de Jerusalén, intervino en varias asambleas públicas en Suiza consagradas al levantamiento de la impunidad de los crímenes de guerra cometidos en Gaza, al lado de Stéphane Hessel. Su intervención trataba más en particular sobre la cuestión de la nueva situación que representan las revoluciones árabes para la política israelí. A propósito de esto le hemos hecho algunas preguntas.

Leyendo la prensa israelí, se tiene la impresión de que Israel niega toda legitimidad a los movimientos populares en los países árabes. ¿Es exacto?

Completamente. Diría incluso que va más allá del hecho de negar esta legitimidad. Es sencillamente un factor que no existe. Israel conoce estados, gobiernos, ejércitos, puede hacer la guerra, negociar, hacer la paz, pero lo hace siempre a nivel de los estados. Cuando se trata de los pueblos árabes, el asunto se convierte en una especie de masa, identificada al terrorismo, a un peligro para Israel. Por definición, las masas árabes son antiisraelíes, incluso antisemitas. Y la irrupción repentina de estas masas como actor ha representado un elemento que ha desestabilizado completamente a los comentaristas y políticos israelíes.

Así pues, ¿la reacción israelí no se funda solo en el temor de perder la baza que representaría el tratado de paz con Egipto, sino también en la negativa a tomar en cuenta a las masas árabes?

Si, pero más que un rechazo, es un verdadero sentimiento de amenaza. La paz con Egipto existe ya desde hace algunos decenios y no ha sido objeto de un sentimiento profundo, compartido, de que se tratara de una conquista para Israel. Y ahora, de forma casi cómica diría, se plantean repentinamente preguntas, se aparenta descubrir que "si, es algo importante", etc. Pero Israel no ha hecho nada para mantener esta paz. No ha hecho nada, por ejemplo, para reforzar al gobierno egipcio que había hecho la paz o para sencillamente escuchar lo que decía. En numerosas ocasiones, el presidente Mubarak puso en guardia a Israel sobre su política en Líbano o Gaza. La respuesta era más bien del tipo "pero, ¿quién es ese Mubarak?" y de repente, ahora, se descubre el proceso de paz, y se hacen preguntas sobre qué ocurrirá con él. Toma de alguna forma su significado por defecto, negativamente.

¿Porque está puesto en peligro?

No, no está puesto en peligro, pero quien parecía ser su garante ya no está ahí.

¿Ese sentimiento de amenaza explicaría también las declaraciones de Simon Peres a Angela Merkel, según las cuales la democracia estaba de alguna forma reservada a quienes se reconocen en la civilización occidental, pero que habría que usarla con parsimonia con los demás?

Eso es la típica mirada colonial israelí y más en particular la de Simon Peres, que tiene una visión binaria del mundo, por un lado los civilizados, los que pertenecen a la civilización judeo-cristiana, y del otro, los salvajes. Y a estos hay que saber gobernarlos. Esto, también, está profundamente anclado en la opinión israelí, y es la razón por la que no ha habido un gramo de la alegría que se ha visto en todo el mundo por la llegada de "una primavera árabe". Para ellos era más bien el otoño…

¿Esta actitud es propia de las esferas gubernamentales o es compartida por la población israelí?

Es ampliamente compartida por la población y los medios. Ciertamente, hay opiniones y comentarios que son más inteligentes y más abiertos en relación a este inmenso cambio en el mundo árabe, pero de forma general es una opinión compartida por la gran mayoría de los medios y consiguientemente de la opinión pública.

¿Así pues, no va a cambiar la política exterior israelí? ¿Va a proseguir en su línea de un "Estado asediado" esperando la vuelta de los republicanos a Washington?

Efectivamente. Mucho antes de los acontecimientos regionales que conocemos, el gobierno Obama había sido percibido siempre como un paréntesis, un mal paréntesis. Hay que esperar a que este paréntesis se cierre, para volver a la normalidad, y la normalidad tiene un nombre: George W. Bush. Incluso si ya no será él, esta normalidad se declina en pasado, en la guerra global, permanente y preventiva, en una estrategia de recolonización del mundo.

Benyamin Nethanyau fue uno de los padres de esta estrategia hace treinta años. Para él, el reino de Bush y de su estrategia ha permitido la realización de todos sus objetivos. La salida de Bush, que se producía tras el fracaso de esta estrategia de guerra global, que ha sido un fiasco para los americanos, ha sido percibido sobre todo en Israel como un paréntesis antes de una próxima vuelta a la normalidad.

¿Se puede esperar en función de los avances del movimiento democrático y social en la región, un cambio en la opinión pública israelí o la situación es completamente rígida?

Eso estará mediatizado por Washington. Si la política americana cambia en función de una nueva lectura de la realidad en el Medio Oriente, forzará a un cambio de la política israelí, de la opinión pública israelí y probablemente del gobierno. Con un problema, que es que no tenemos gobierno de reserva. ¿"Tzipi" Livni y Kadima? Quizá. Pero esto no se hará más que a través de Washington. Como en el pasado, cuando cada giro importante de la política israelí ha seguido a un giro de la política americana y ha sido por así decirlo impuesto o impulsado por ésta. No habrá toma de conciencia autónoma; será forzada, de una cierta forma.

¿Pero tiene Washington los medios para hacerlo? La política israelí de prosecución de la colonización se ha hecho contra las reticencias y las críticas de los Estados Unidos, ¿no hay una cierta autonomía del gobierno israelí?

Hay ciertamente una gran autonomía del gobierno israelí. No es una marioneta que se manipula desde Washington y si me hubieras planteado la pregunta hace dos meses, te habría dicho: "no habrá cambio". Los americano son conscientes -y es lo que explica el retroceso de Obama después de el discurso de El Cairo, que daba a entender muchas cosas y que ha sido rápidamente "olvidado"- de que deberán hacer grandes presiones para hacer retroceder al gobierno de extrema derecha actual y a la opinión pública israelí, bastante derechista. No es ya una discusión política amistosa del tipo "escucha amigo, hay que tranquilizarse, estáis un poco excitados y eso nos causa problemas…". En este tema va a haber que presionar fuerte. Esto quiere decir debilitar a Israel, por tanto debilitar también a los americanos. Lo que explica el retroceso de los Estados Unidos, y no en absoluto la acción supuesta de los diferentes lobbies pro-israelíes.

Washington ha sido colocado ante esta disyuntiva: Israel debería cambiar de política, pero si nos dotamos de los medios para hacerla cambiar, nos debilitamos. Dilema pues, puesto que en los dos casos, se es débil. Y de la misma manera que en Israel se espera el fin de la presidencia de Obama, en los Estados Unidos se espera el fin del gobierno de derechas actual y la vuelta de un gobierno más moderado. Esta es la respuesta que habría dado hace dos meses.

Los enormes cambios en la región árabe podrían sin embargo llevar a los americanos a considerar que hay una urgencia y que Israel comienza a molestar; podrían estimar que los intereses americanos manden a Israel adaptarse y hacérselo comprender con firmeza.

Entrevista realizada por Daniel Süri
"SolidaritéS", n°185 (31/03/2011)
http://www.solidarites.ch

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR

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9 de Abril de 2011 www.enlacesocialista.org.mx