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Israel. Sobre el movimiento de “indignados”

Israel. Sobre el movimiento de “indignados” VS 0 | | sección: web | 06/09/2011 Cinco preguntas a Michel Warschawski Inprecor: Desde hace algunas semanas un movimiento social de gran amplitud exige “justicia social”. ¿Piensas que este movimiento está cambiando la situación política en Israel y en Medio Oriente?

Michel Warschawski: ¡No exageremos! Que la movilización social actual pueda provocar cambios políticos en Israel es una cosa, pero afirmar que marca un giro mayor a nivel regional es seriamente exagerado. A nivel regional, el acontecimiento mayor sigue siendo la Intifada árabe que tendrá muchísima más influencia que lo que se desarrolla actualmente en la calle israelí.

Dicho esto, e incluso si la relación no se hace abiertamente, el movimiento social y sus reivindicaciones plantean no solo cuestiones pertinentes sobre las decisiones sociales económicas del gobierno actual, y en particular el desmantelamiento de los servicios públicos, sino también las de las opciones políticas: para financiar una nueva política social, será necesario recortar en los presupuestos militares y la financiación de la colonización. ¿Es casualidad si las únicas críticas abiertas al movimiento popular vienen de los dirigentes de los colonos que intentan describirlo como un Woodstock de niños mimados de los barrios pijos del norte de Tel Aviv?

Inprecor: La amplitud del actual movimiento social y su popularidad (los sondeos muestran un apoyo de más del 80% de la población) testimonian una toma de distancia hacia el régimen actual y el papel jugado por el estado –que no es ya un “Estado social”. El antiguo ministro y antiguo dirigente militar de los Territorios Ocupados, Benjamin Ben Eliezer, ha declarado recientemente temer la peor catástrofe desde la creación del estado de Israel, pues “la gente que está en la calle hoy es la élite de Israel” y hay “una relación entre este público y la potencia nacional”. ¿Sería un signo de un comienzo de pérdida de legitimidad del proyecto sionista en el seno de la población judía en Israel?

Michel Warschawski: Ahí tampoco hay que exagerar: el sionismo –como proyecto colonial y como ideología- no está puesto en cuestión, ni de lejos. Al contrario, los portavoces del movimiento insisten mucho sobre “ni derecha, ni izquierda” y el carácter no político de éste. En las grandes concentraciones en Jerusalén y en Tel Aviv, la cuestión del conflicto árabe-israelí ha sido voluntariamente eludida… salvo por algunos artistas que, al contrario que los portavoces, han abordado la relación.
Lo que está en cuestión, y es ya muy importante, es el desmantelamiento del Estado del Bienestar y su impacto desastroso sobre la educación y la salud.

Lo que ha subrayado Benjamin Ben Eliezer es que no se trata de un movimiento que viene de las capas populares más pobres, sino de clases medias, de parejas que trabajan, tienen un nivel relativamente elevado de educación, hacen su período anual de reserva en el ejército y querrían tener su parte de los frutos del crecimiento económico actual de Israel que beneficia sobre todo a algunos miles de familias de las que el gobierno actual es su apoderado. En resumen dicen: “¡Israel somos nosotros!”  y es este mensaje el que Benjamin Ben Eliezer, pero sobre todo los llamados oligarcas, querrían hacer oír a Netanyahu, pues los gigantescos beneficios acumulados por estos últimos en el curso del último decenio están ligados a la estabilidad política y social de Israel y ésta bien vale algunas reformas del neoliberalismo desbocado a favor de estas capas medias.

Inprecor: En las manifestaciones se han podido ver pancartas afirmando que “la plaza Tahrir está aquí”, en el boulevard Rothschild hay una tienda 1948 que reúne a judíos y palestinos favorables a una soberanía compartida en un Estado para todos sus ciudadanos, habrían aparecido campamentos de protesta drusos y palestinos… ¿Piensas que el movimiento del 14 de julio va a contribuir a suavizar los nacionalismos en Palestina y Medio Oriente?

Michel Warschawski: Los palestinos de Israel han impuesto su lugar en el movimiento, incluso en el boulevard Rothschild en Tel Aviv, y sus reivindicaciones son tanto políticas como sociales. Dicho esto, algunos manifestantes judíos han, por ejemplo, arrancado la bandera palestina que estaba en su tienda. El desafío actual para la izquierda anticolonial y los militantes palestinos sigue siendo el mismo: establecer la relación entre reivindicaciones sociales y reivindicaciones políticas.

Netanyahu nos ayuda en este sentido, cuando llama a las jóvenes parejas que buscan vivienda a ir a instalarse … en las colonias, provocando la cólera de quienes quieren respuestas allí donde viven, en Tel Aviv, Haifa o Beer Sheva, no en Ariel o en Ofra.

Inprecor: Las reivindicaciones de más de 80 campamentos del movimiento y de los centenares de miles de manifestantes apuntan a un cambio de orientación política y económica del país. Al mismo tiempo los principales portavoces del movimiento insisten en su carácter apolítico. ¿Cómo explicas esta contradicción?

Michel Warschawski: En la jerga israelí, cuando se dice “no político”, significa sin expresar posición sobre el conflicto israelo-árabe. En este sentido el movimiento es claramente no político. Por el contrario es eminentemente político en su rechazo sin equívocos del proyecto neoliberal.

Inprecor: Desde hace un decenio aparecen en Israel tentativas de construir nuevos sindicatos, combativos y democráticos (Koach la–Ovdim, Maan). ¿Juegan algún papel y, si así fuera, cuál en el actual movimiento social?

Michel Warschawski: Todos los actores del movimiento social están presentes en el movimiento, incluyendo Koach la-Ovdim. Esta corriente representa la primera tentativa con éxito para romper el monopolio de la Histadrut como único representante de los asalariados. Es una estructura aún modesta, pero que ha dejado, en algunos sectores, de ser marginal y con la que habrá que contar cada vez más.

11/08/2011

http://www.npa2009.org/content/450-000-isra%C3%A9liens-dans-les-rues-pour-r%C3%A9clamer-la-justice-sociale

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR

450.000 israelíes en las calles reclamando justicia social

Mikaela Levin y Marta Fortunato

El sábado 3 de septiembre se ha producido el test que necesitaba el movimiento de protesta en Israel para mostrar que la aspiración a la justicia social puede y debe ser más fuerte que el miedo. 450.000 personas han inundado las calles en Tel Aviv y también en todo Israel para exigir un real cambio de políticas, contra las opciones neoliberales impuestas por los sucesivos gobiernos durante los treinta últimos años.

“Las tiendas no son más que el envoltorio”, ha dicho el presidente de la Unión Nacional de Estudiantes, Itzik Shmuli, a la multitud. “El pueblo de Israel está en el corazón de este movimiento. No pararemos esta protesta mientras que usted, señor primer ministro, no nos dé verdaderas soluciones”.

Todos los oradores, en Tel Aviv y en las demás ciudades, han convenido en que la protesta va a entrar en una nueva fase, con formas de acción nuevas, pero al mismo nivel de movilización. “Podría ocurrir que los campamentos se hagan más concentrados y consolidados, pero no van a deshacerse. Las protestas van a continuar haciéndose más fuertes hasta que nuestras demandas sean satisfechas”, ha declarado a los medios durante la manifestación Roee Neuman, la portavoz del campamento del boulevard Rothschild en Tel Aviv. En Jerusalén, la decisión ha sido diferente. El presidente de la Unión de Estudiantes de la Universidad Hebraica, Itai Gotler, ha declarado al periódico Haaretz que iban a desmantelar el principal campamento en Jerusalén, aún queriendo mantener viva la lucha.

La inmensa mayoría reunida en solo algunas horas en Kikar Hamedina en Tel Aviv ha tranquilizado a los dirigentes del movimiento, mostrando que tienen la fuerza necesaria para enfrentarse al gobierno. “Mi generación ha tenido siempre la impresión de que estábamos aislados en este mundo, pero ahora sentimos la solidaridad”, ha declarado Daphnée Leef. Fue la primera en plantar una tienda en el boulevard Rothschild y es una de las dirigentes del movimiento más criticadas estos últimos días por los medios conservadores.

“Tras seis semanas de manifestaciones, este movimiento se ha hecho maduro”, ha explicado Idan, un organizador activo de las manifestaciones en el Alternative Information Center (AIC) de Jerusalén. “La gente ha tomado conciencia de la situación. Para el gobierno, la estabilidad consiste en ignorar lo que ocurre en las calles de Israel, pero ahora Netanyahu está obligado a escuchar nuestras protestas y a actuar”.

La justicia social y la igualdad son los eslóganes de las manifestaciones. Nada ha cambiado desde finales de julio, y la conciencia política no ha aumentado. La principal cuestión es saber si este movimiento podría hacer nacer un nuevo partido político y provocar un cambio estructural de la escena política israelí, capaz de contestar la política colonial de los gobiernos israelíes. ¿Cuál es el futuro del movimiento? ¿Cuáles son los planes y las esperanzas de los israelíes que han tomado parte en la protesta?

“No se lo que ocurrirá tras esta protesta, no puedo predecir el futuro”, declaraba Eyal, un joven padre en la manifestación de Jerusalén. “No pienso que este movimiento pueda politizarse, pues nuestras reivindicaciones son solo económicas y sociales”. Muchos otros, que se manifestaban ayer en Jerusalén, compartían esta visión. “No tengo visión política. Lo que demando, es solo justicia social”, añadía Idan.

Angela, activa en el movimiento de base en Jerusalén, es muy crítica. Ha tenido en sus manos una pequeña pancarta: “Los palestinos demandan también la justicia social”. “Debemos comenzar a hablar de la cuestión palestina, de la ocupación militar y de la política colonial de Netanyahu”, ha dicho en el AIC. “No sé lo que ocurrirá los próximos días porque incluso si la mayor parte de los organizadores de las manifestaciones son de izquierdas, han evitado deliberadamente hablar de la cuestión palestina y de cualquier otra cuestión política, a fin de no dividir o destruir el movimiento”.

Los palestinos que protestaban ayer por la tarde en Jerusalén han sido muy poco numerosos: había algunos beduinos del Neguev, lejos de los manifestantes, como un cuerpo separado. “Israel ha robado las tierras de sus ciudadanos árabes del Neguev”, proclamaba su pancarta.

“Israel quiere hacer olvidar las protestas internas en nombre de su seguridad”, ha declarado Dana, una estudiante. “Tras los atentados de Eilat algunas manifestaciones han sido anuladas, pero el hecho de que hoy estemos juntos y seamos más numerosos significa que tenemos los medios y que queremos continuar esta protesta”. ¿El futuro? “Elecciones anticipadas”.

Sin embargo, según los recientes sondeos, la derecha israelí no ha perdido votos y si tuvieran lugar elecciones anticipadas, los partidos religiosos y nacionalistas ganarían más de la mitad de los escaños en la Knesset.

La ausencia de una visión política común, el consentimiento tácito hacia la política colonialista y militarista de Netanyahu, el hecho de que en octubre los estudiantes van a volver a la universidad y numerosos jóvenes están llamados al ejército, plantean la cuestión del futuro del movimiento.

El sábado por la noche, la palabra solidaridad ha sido también utilizada en numerosas ocasiones en Haifa. Desde el comienzo de las movilizaciones, en esta ciudad del norte, la justicia social iba pareja con la solidaridad social y la unión entre judíos y palestinos. Al pie de los jardines Bahai, el presidente del sindicato estudiantil de la Universidad de Haifa, Yossi Shalom, se ha dirigido a 40.000 personas: “No hay espectáculo más hermoso que el de la solidaridad social. Como estudiante, es la lección más importante que he aprendido en estos últimos meses”.

Uno de los fundadores del principal campamento palestino de Haifa, Shanin Nasser, ha sido también muy conmovido por el número de personas presentes. Hace solo algunas semanas, cuando 15 personas murieron en Eilat en los atentados y luego otras 15 en los bombardeos israelíes sobre Gaza, Nasser y sus amigos del barrio de Wadi Nisnas estaban inquietos, temiendo los efectos sobre la nueva relación que intentan construir con la juventud judía de Haifa. Ayer sus esperanzas han quedado restauradas. “Hoy, cambiamos las reglas del juego. Nada de coexistencia sin base. Lo que ocurre aquí es la verdadera coexistencia, cuando los árabes y los judíos caminan juntos, cogidos del brazo reclamando la justicia social y la paz”, subrayaba el joven periodista.

Las advertencias del gobierno sobre la posibilidad de cohetes lanzados desde Gaza no han impedido las manifestaciones en las ciudades de Beer Sheve, Ashdod y Ashkelon. Pero los manifestantes de esas ciudades del sur se han desplazado hacia el norte o el centro del país para unirse a las manifestaciones y los campamentos de las demás ciudades.

Las manifestaciones tan esperadas del 3 de septiembre han sido un éxito. Viene ahora la parte difícil. El movimiento popular deberá utilizar esos 450.000 votos para forzar al gobierno a ponerse a la mesa de negociación y para obtener cambios concretos, no comisiones o promesas, sino soluciones. En tres semanas, el gobierno israelí, la sociedad y probablemente el mundo entero tendrán los ojos vueltos hacia las Naciones Unidas y la demanda palestina de ver reconocido su estado. Luego comenzará un mes de fiestas judías. Es ahora cuando hay que ganar.

5/09/2011

http://www.npa2009.org/content/450-000-isra%C3%A9liens-dans-les-rues-pour-r%C3%A9clamer-la-justice-sociale 

Mikaela Levin y Marta Fortunato han escrito este artículo para Alternative Information Center (AIC), una asociación israelo-palestina que lucha contra la ocupación de los territorios palestinos: http://www.alternativenews.org


Traducción de Faustino Eguberri para VIENTO SUR

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8 de Septiembre de 2011 www.enlacesocialista.org.mx