Hay un patrón de violencia hacia la mujer por parte del Estado: Organizaciones
Hay un patrón de violencia hacia la mujer por parte del Estado: Organizaciones
México D.F., 11 de marzo de 2010 (Cencos).-En promedio 1200 mujeres mueren víctimas de feminicidio al año y “la única paz que ofrece el Estado mexicano es la paz de los sepulcros”, afirmó Carmen Huete del colectivo Mujeres sin miedo durante el foro: Criminalización de la protesta “el cuerpo de la mujer como botín de guerra” organizado por Servicios y Asesoría para la Paz (Serapaz), la fundación Rosa Luxemburgo y el Centro de Derechos Humanos Fray Francisco de Vitoria, en el marco del Día Internacional de la Mujer.
Para comprender las causas del feminicidio y de la violencia sexual contra las mujeres, es necesario pensar en un sistema político y económico que mercantiliza el cuerpo de la mujer como cualquier otro objeto de consumo, pero además lleno de una carga simbólica en el que el cuerpo femenino sirve como un transmisor de mensajes de poder, para “que no quede duda de quién lo ejerce” y de la impunidad imperante en donde no existe el acceso a la justicia y no existe reparación del daño por parte del Estado. Las violaciones a los derechos humanos de las mujeres en nuestro país ha seguido este patrón de violencia, coincidieron los representantes de las organizaciones invitadas.
Desde el caso de San Salvador Atenco en el que fueron documentados los casos de 26 mujeres vejadas por elementos de la entonces Policía Federal Preventiva, que expuso Lourdes Barrera de Amnistía Internacional, hasta los 3000 casos de trata de mujeres en Tlaxcala documentados por el Centro de Derecho Humanos Fray Julián Garcés son atravesados por la “supremacía masculina expresada en su arista sexual y la impunidad del Estado” independientemente de las particularidades de cada caso.
Por otro lado, el feminicidio en Ciudad Juárez Chihuahua, que se comenzó a registrar a partir de 1993 y que logró visibilizarse con el trabajo organizado de las madres de las asesinadas y desaparecidas hasta lograr que la Corte Interamericana de Derechos Humanos condenara al Estado mexicano en el caso de Campo Algodonero, ha comenzado a desdibujarse a partir de que el Operativo conjunto Chihuahua comenzara sus acciones en Ciudad Juárez y de que la cifra de ejecutados creciera en el periodo 2008-2009 a 6500, el 35 por ciento pertenece justamente a Ciudad Juárez. “La visibilización del feminicidio ha retrocedido, la lucha de diez años por llevar este fenómeno a la esfera pública, se ha desdibujado en dos años de operativo”, afirmó Karla Michel Salas, integrante de la Asociación Nacional de Abogados Democráticos (ANAD).
La explicación que da la abogada, es que dentro del contexto de la “guerra contra el narco”, cuando aparecen mujeres asesinadas y se recogen las averiguaciones sobre el crimen, las autoridades se percatan de que existió tortura y violencia sexual, pero si la mujer presenta 13 balazos o el tiro de gracia”, le adjudican la autoría al crimen organizado y a las bandas de narcotraficantes haciéndolo ver como algo normal.
A estas inconsistencias se suman nuevas violaciones por parte de militares y funcionarios del estado, un ejemplo son los retenes, que tienen la orden expresa de que a las mujeres se les debe revisar con mayor atención los genitales puesto que ahí es donde se esconde la droga muchas “son víctimas de toqueteos y viven amedrentadas, es por eso que muchas no interponen quejas”, aseguro la integrante de la ANAD.
Por su parte la experta en temas de género Giomar Rovira, expuso que la violencia hacia el cuerpo de la mujer es resultado del “neoliberalismo de rapiña” inserto en un sistema patriarcal en el que el cuerpo es un territorio robado para demostrar el poderío de un grupo de hombres sobre otro, además del estigma social que genera la violación sexual del cuerpo femenino.
Al cuestionar sobre el título del foro y opinar que no era el adecuado, la investigadora preciso la necesidad de cambiar la perspectiva del cómo se asume a la mujer violentada, puesto que muchas veces es revictimizada y reafirmada como un objeto desde la sociedad misma.“No queremos ser víctimas, no nos pueden reducir a víctimas cuando no queremos serlo, podemos ser las adversarias, las enemigas y las peores pesadillas de quienes ejercen violencia sobre nuestros cuerpos, pero víctimas no” concluyo la investigadora.
Centro Nacional de Comunicación Social
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11 de marzo de 2010 www.enlacesocialista.org.mx