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Gran Bretaña. La demonización de la clase trabajadora británica

 Gran Bretaña. La demonización de la clase trabajadora británica VS 0 | | sección: web | 24/01/2012 Marcelo Justo En una sociedad tan clasista como la británica, conservadores y nuevos laboristas propagan el mito de que hoy todos los británicos son de “clase media”, salvo esa pequeña subclase disfuncional y patológica, para la cual falta ambición o fibra moral: los "chavs".

La demonización de la clase trabajadora británica tiene una sigla indescifrable: “chavs”. Nadie sabe lo que significa, pero en páginas web, en programas de televisión y en análisis mediáticos populares o “serios”, sirve para estigmatizar a los jóvenes que viven en viviendas municipales y tienen un tipo específico de acento y aspecto físico. “En realidad es una manera oblícua de definir al conjunto de la clase trabajadora y responsabilizar a los pobres de ser pobres”, escribe Owen Jones, autor de Chavs, un libro clave sobre el tema. En medio de la actual crisis, la justificación cae como anillo al dedo. La pobreza no se debe a los problemas de la economía, sino a las fallas del propio individuo o de su familia: a los hogares desestructurados, a la falta de ambición o de inteligencia.

Las tres décadas de neoliberalismo, inauguradas por Margaret Thatcher con una drástica desindustrialización en los años 80, marcaron el triunfo de un individualismo que hundió el sistema de valores solidarios de la clase trabajadora. En 1979 había siete millones de obreros industriales, con un fuerte peso de mineros, estibadores y del sector del automóvil. Hoy hay dos millones y medio, las minas desaparecieron y sólo las empresas del automóvil, en manos extranjeras, están creciendo.

En este vacío de identidad, de una clase obrera en retirada, surgen los “chavs”. Objeto de escarnio en la prensa o de bromas en programas de televisión y cenas de clase media, los “chavs” son presentados como parásitos incrustados en el tejido social. Según el estereotipo son desempleados crónicos, adolescentes que se quedan embarazadas para recibir el subsidio de maternidad, responsables del déficit fiscal y moral, virtuales delincuentes con un coeficiente de inteligencia por los suelos y una familia desestructurada. “Lo que llamábamos respetable clase trabajadora prácticamente desapareció. Hoy la clase trabajadora en realidad no trabaja nada y está mantenida por el Estado de Bienestar”, señala el comentarista conservador Simon Heffer.

El estereotipo ayudó a justificar el draconiano ajuste fiscal de la coalición conservadora-liberal demócrata encabezada por el primer ministro David Cameron, pero también ha servido de base para propuestas reaccionarias, de limpieza social. En 2008, el concejal conservador John Ward, propuso la esterilización obligatoria de las personas que tuvieran un segundo o tercer hijo en cuanto recibían beneficios sociales, medida apoyada con entusiasmo por los lectores del diario conservador Daily Mail, escandalizados con “estos aprovechados y sinvergüenzas que están hundiendo al país”.

La obsesión clasista y el estereotipo llevaron a confusiones tragicómicas. En un panfleto para las elecciones de 2010, los conservadores aseguraron que en algunas zonas pobres “la tasa de embarazos de adolescentes menores de 18 años es del 54%”. En realidad era del 5,4%, cifra que representaba una caída con respecto a lo que acontecía durante el thatcherismo. En el departamento de prensa conservador nadie percibió el error tipográfico. A pesar de referirse a más de la mitad de las menores de 18 años de esas zonas, el fenómeno ya había sido naturalizado por el prejuicio.

Una de las curiosidades es que se usa el término chavs con la certeza de concepto sociológico, mientras que nadie podría decir con certeza lo que significa el acrónimo. El diccionario de Oxford en internet define el “chav” como “un joven de clase baja de conducta estridente, que se mueve en grupo y usa ropas de marca, reales o de imitación”. Otro diccionario, de 2005, lo define como “joven de clase trabajadora que viste con ropa deportiva”. Un mito popular es hacerlo pasar como “Council Housed and Violent” (violento que vive en casas municipales).

Esta vacuidad permite englobar amplios sectores sociales. En un libro que ya va por la novena edición y que vendió más de 100 mil ejemplares, The Little Book of Chavs, se identificaron los típicos trabajos “chavs”. La “chavette” –mujer chav– es aprendiz de peluquería, limpiadora o empleada doméstica mientras que los hombres son guardias de seguridad o mecánicos y canalizadores “cowboys” (“especialistas” en reparaciones que destruyen todo). Según el libro, “chavs” de ambos sexos acostumbran a ser cajeros y cajeras en los supermercados o empleados de cafetería.
Esta tipificación ocupacional corre paralela a los cambios que la clase trabajadora británica vivió en los últimos 30 años. Hoy, un cuarto de la fuerza de trabajo tiene una jornada precaria y más de un millón y medio se encuentran en empleos temporales. El salario medio de 170.000 peluqueras (“chavettes”) está poco por encima de la mitad de la media salarial de la población, medida que define el umbral de la pobreza en el Reino Unido. En ciudades que alguna vez giraron en torno a la actividad manufacturera o minera, los escasos trabajos que existen son en supermercados o farmacias. “No solo son trabajos más inseguros. Están muy mal pagados”.
“Cuando la Rover cerró en Birmingham con la pérdida de 6.500 puestos de trabajo, la remuneración media que recibieron aquellos que consiguieron trabajo era un quinto menor de lo que ganaban en la industria del automóvil”, apunta Owen Jones.

Lo paradójico es que en una sociedad tan clasista como la británica, en la cual el acento y la universidad (Oxford, Cambridge) definen el futuro de una persona, conservadores y nuevos laboristas propagan el mito de que hoy todos los británicos son de “clase media”, salvo esa pequeña subclase disfuncional y patológica, para la cual falta ambición o fibra moral: los "chavs". En 1910, Winston Churchill, entonces ministro del Interior por el Partido Liberal, propuso la esterilización de más de 100.000 personas que consideraba “débiles mentales y degenerados morales” para salvar al país de la decadencia. Un siglo más tarde la decadencia continua amenazando al Reino Unido, pero la fórmula es más “civilizada”: un estigma que niega la existencia y el significado social de la clase trabajadora.

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Traducción: Adrián Sánchez para anticapitalistas.org----------------------------------------------------------25 de Enero de 2012 www.enlacesocialista.org.mx