El martes 8 de marzo despertó con una inusual lluvia en el valle de Yanoun, pero igual salimos hacia Burin, una de las localidades que el EAPPI acompaña en el área de Nablús, debido a las permanentes agresiones y hostigamientos de que son objeto por parte de las colonias israelíes ilegales de Yitzhar y Bracha.
Un grupo de mujeres de lo más diversas (urbanas, rurales, tradicionales, modernas, cristianas, musulmanas, niñas de 10 años y ancianas, palestinas e internacionales), emprendimos la marcha en el momento en que paraba la lluvia y el día nos regalaba unas horas de sol para que pudiéramos subir la colina sin empaparnos.
Con carteles y consignas contra la ocupación israelí, por la libertad de los presos políticos, por los derechos de las mujeres palestinas, por la unidad política -un clamor creciente de l@s de abajo, que se escucha en todas partes- y en solidaridad con las mujeres libias, las mujeres marcharon atravesando desafiantes la carretera de uso exclusivo de las colonias israelíes ilegales (y desechando uno de los túneles subterráneos construidos para que la población palestina pueda -a duras penas y con infinidad de barreras y restricciones- mal desplazarse en su propio territorio).
Mientras ascendíamos la colina, era imposible no admirar la belleza del paisaje de olivares, pastores con sus rebaños de ovejas, tierras cultivadas y pequeñas aldeas recortadas sobre las montañas y colinas en esta región, la más fértil y hermosa de Cisjordania. Una de las niñas palestinas que acompañaba con gran entusiasmo la marcha -nacida en Alemania como tant@s miles de exiliad@s- se detuvo igual que yo para contemplar el paisaje a su alrededor y me dijo sonriendo: “Palestina es tan bella…! ¿verdad?“. Y yo asentí, mientras para mis adentros agregaba: “…. si la dejaran ser“.
La marcha terminó deliberadamente frente a la casa de Hannah Soufan y su familia de diez integrantes, que por estar apartada de la aldea y al pie de Yitzhar, vive bajo la constante amenaza y agresiones de los colonos israelíes.
Cuando las mujeres acababan de leer una breve proclama, vimos acercarse a dos soldados israelíes que se comunicaban permanentemente por radio con otros que estaban observando, expectantes, en la colina que lleva a las expansiones de la colonia. Las mujeres no se achicaron y, por el contrario, se acercaron a ellos para gritarles las consignas en la cara y con más vehemencia. Myassar Atyani, una líder activista de Nablús, los encaró diciéndoles -como hacen incansablemente l@s palestin@s- que ésta es su tierra, que los dejen vivir en paz, que dejen de robarles sus tierras y recursos, y de matar a sus hijos.
La manifestación terminó sin incidentes, y nosotras decidimos visitar a Um Hannah, que por supuesto nos ofreció té y se sentó a conversar, rodeada de sus niet@s. También aprovechamos para entregarle la reciente publicación del EAPPI sobre las colonias israelíes ilegales en Cisjordania (1), donde se narra su historia, entre muchas otras similares de familias palestinas acosadas y agredidas por los habitantes de las colonias, en su propósito de terminar de apropiarse de sus tierras y expulsar a la población palestina de su propio territorio.
Las permanentes incursiones de los colonos hacen que la familia viva en un estado de tensión y amenaza constante. Hace unos años, debido a la violencia imparable contra su propiedad -cultivos destruídos, olivos arrancados, ovejas robadas o degolladas, y hasta un incendio de la vivienda-, el marido de Hannah murió de un infarto frente a sus hij@s. Pero aun cuando nadie salga herido ni haya destrucción de bienes, la situación se ha vuelto intolerable a lo largo de los años, pues saben que cualquier cosa puede ocurrir en cualquier momento. Como la mayoría de las familias palestinas, la de Hannah sufre el trauma y el desgaste que provoca la ocupación.
En lo alto, las construcciones de Yitzhar. Por esa colina bajan los colonos a agredir a la familia Soufan.
Nuestra visita terminó precipitadamente porque aparecieron dos militares del DCO (la sede del comando local) a indagar sobre la actividad que acababa de realizarse, sugiriéndole a Um Hanna que no era conveniente permitir que personas extrañas llegaran hasta su casa ni realizaran concentraciones, ya que eso “podía poner nerviosos a los colonos” y traerle problemas a ella. Con lo cual ‘la autoridad’ nos invitó amablemente a retirarnos… Como de costumbre, el mensaje de quienes deberían proteger a la población palestina poniendo fin a la violencia e impunidad de los colonos es: “Pórtense bien y no los provoquen“.
Nosotras aprovechamos nuestra presencia en la zona para visitar a otra familia que sufre similares agresiones en la aldea vecina de Asira al Qibliya, cuya población -junto con las de Burin, Iraq Burin, Madama, Urif y Huwwara- forma parte del ‘cinturón’ de aldeas vulnerables que han quedado atrapadas entre las dos grandes colonias de Yitzhar y Bracha, ambas en permanente expansión.
El autobus de uso exclusivo de Yitzhar desciende por la carretera, también de uso exclusivo de los colonos, pasando frente a una mezquita de Burin
Sobre esta problemática presente a lo largo y ancho de Cisjordania escribiré en mi próximo post.
(1) An Unjust Settlement. A tale of illegal Israeli settlements in the West Bank (EAPPI, Ginebra, 2010).
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11 de Marzo de 2011 www.enlacesocialista.org.mx







