
| No se puede presentar el fracaso del pasado como objetivo del futuro |
| Guillermo Almeyra · · · · · |
| 07/09/08 |
| st1\:*{behavior:url(#ieooui) } <!-- /* Font Definitions */ @font-face {font-family:"Cambria Math"; panose-1:2 4 5 3 5 4 6 3 2 4; mso-font-charset:0; mso-generic-font-family:roman; mso-font-pitch:variable; mso-font-signature:-1610611985 1107304683 0 0 159 0;} @font-face {font-family:Times; panose-1:2 2 6 3 5 4 5 2 3 4; mso-font-charset:0; mso-generic-font-family:roman; mso-font-pitch:variable; mso-font-signature:-536859921 -1073711039 9 0 511 0;} @font-face {font-family:"Arial Narrow"; panose-1:2 11 6 6 2 2 2 3 2 4; mso-font-charset:0; mso-generic-font-family:swiss; mso-font-pitch:variable; mso-font-signature:647 2048 0 0 159 0;} @font-face {font-family:"Bauhaus 93"; panose-1:4 3 9 5 2 11 2 2 12 2; mso-font-charset:0; mso-generic-font-family:decorative; mso-font-pitch:variable; mso-font-signature:3 0 0 0 1 0;} /* Style Definitions */ p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal {mso-style-unhide:no; mso-style-qformat:yes; mso-style-parent:""; margin:0cm; margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:12.0pt; font-family:"Times New Roman","serif"; mso-fareast-font-family:"Times New Roman";} a:link, span.MsoHyperlink {mso-style-priority:99; color:blue; text-decoration:underline; text-underline:single;} a:visited, span.MsoHyperlinkFollowed {mso-style-noshow:yes; mso-style-priority:99; color:purple; mso-themecolor:followedhyperlink; text-decoration:underline; text-underline:single;} p {mso-style-priority:99; mso-style-qformat:yes; mso-margin-top-alt:auto; margin-right:0cm; mso-margin-bottom-alt:auto; margin-left:0cm; mso-pagination:widow-orphan; font-size:12.0pt; font-family:"Arial","sans-serif"; mso-fareast-font-family:"Times New Roman"; mso-bidi-font-family:"Times New Roman";} .MsoChpDefault {mso-style-type:export-only; mso-default-props:yes; font-size:10.0pt; mso-ansi-font-size:10.0pt; mso-bidi-font-size:10.0pt; mso-ascii-font-family:Times; mso-fareast-font-family:Calibri; mso-hansi-font-family:Times;} @page Section1 {size:612.0pt 792.0pt; margin:70.85pt 3.0cm 70.85pt 3.0cm; mso-header-margin:36.0pt; mso-footer-margin:36.0pt; mso-paper-source:0;} div.Section1 {page:Section1;} --> Guillermo Almeyra comenta críticamente dos artículos sobre Italia publicados la semana pasada. Rossana Rossanda propone construir “un proyecto que vuelva a reunir a la izquierda” italiana. Si se parte del título mismo de su artículo se supone que aquélla estaba unida detrás del proyecto del Partido Comunista Italiano, o sea, de construcción dentro del marco del capitalismo (se decía partido de oposición y de gobierno) de una alianza democrático reformista de masas cuyo eje fuese el acuerdo entre el partido comunista (léase su dirección togliattiana) y el electorado democristiano (léase el partido Demócrata Cristiano, sostén de la mafia y de la reacción, aliado fiel del imperialismo estadounidense). Rossanda incluso concuerda con Asor Rosa y con Mario Tronti, ex “operaístas” transformados en intelectuales orgánicos de los neoliberales del Partido Democrático que han adoptado como modelo a los Kennedy y a los Clinton, esos ejemplos preclaros de antibelicistas y antiimperialistas. Porque para Rossana Rosanda no hay dudas: la tarea es construir ese contenedor laxo de todas las izquierdas aunque, a decir verdad, no ve izquierdas que lo puedan hacer ni especifica qué entiende por izquierda cuando, desgraciadamente, en nombre de ésta, los partidos que apoyaron al gobierno de Romano Prodi mantuvieron la misma política que la derecha y, por eso, fueron abandonados por su electorado. Aunque ella hace referencia al “desastre intelectual y moral” de la izquierda italiana no va más allá de reproponer tácitamente el retorno a un proyecto –el del PCI- que comenzó a hundirse irresistible e irreversiblemente bajo los golpes de los consejos de fábrica en 1969, y cuyo repudio dio origen a los múltiples grupos de la llamada Nueva Izquierda estimulados por los hechos en Europa Oriental, sobre todo en Polonia, Hungría y Checoslovaquia, por la revolución china, la cubana y la lucha antiburocrática del Che Guevara. Rossana Rossanda aún no ha roto con Palmiro Togliatti ni con Stalin (como lo comprueba su libro “Una muchacha del siglo pasado”) y propone reconstruir una especie de Frente Popular con una política nacional reformista. Pero eso es utópico precisamente porque, como ella misma dice, desde el último cuarto del siglo pasado el capitalismo que soportamos tiene cambios cualitativos con respecto al que existía anteriormente a esta mundialización dirigida por el capital financiero que transformó profundamente las sociedades, la clase obrera, las relaciones entre los Estados, la cultura. Aunque ella llama con justa razón a estudiar estas diferencias y a rearmar el pensamiento de la izquierda, sus conclusiones siguen siendo la que deben ser superadas para poder avanzar. Tiene mucha razón cuando dice, polemizando con el ala Ferrero de Rifondazione Comunista, que no basta con apoyarse en los movimientos sociales y en las “acciones desde abajo” y cuando pregunta dónde está ese abajo en la mundialización, pero lo que está implícito en su crítica –es decir, la necesidad de un centro de elaboración política, de un “partido” del género que sea- desaparece y se diluye en sus propuestas “amplias”. En vez de una palanca sólida, que con un punto de apoyo podría mover algo, propone un enorme y amorfo albondigón policlasista, reformista, solamente democrático (como si pudiera haber democracia plena en el capitalismo). Joaquín Miras, va aún más lejos. Para él no hay dudas de que se necesita crear un Bloque Social Democrático, basado en una cultura “democrática e ilustrada” donde quepan todos los que desechan “veleidades extremistas” como la idea misma de la revolución, y que se dé como objetivo convocar una Constituyente. Según Miras, Gramsci mismo habría declarado terminadas las fases de las revoluciones en 1871, con la Comuna de París (¿ por qué entonces apoyó la revolución rusa y luchó por la italiana?) y no habría declarado superada la idea del partido revolucionario por sus “condiciones de vida desesperadas” (la prisión, la necesidad de un apoyo exterior, la enfermedad que le asesinaba lentamente y que le obligaba a aferrarse a una seguridad). Para Rossana Rossanda sobran Marx, Lenin y Trotsky; para Miras, además Gramsci. ¿Con esas ideas saldremos del “desastre intelectual y moral”? ¿Entonces, no se debería haber derribado al zarismo, haber hecho la República y la Revolución española, combatido por el socialismo contra los nazifascistas? ¿No entienden nada los bolivianos, los venezolanos, los cubanos, que no se dan como tarea primordial la alianza democrática con las clases medias (que, por influencia diabólica, se obstinan en desconocer la democracia y en pensar sólo en mantener y ampliar privilegios)? En vez de buscar fórmulas políticas para sacar a la izquierda del brete acxtual ¿no sería más práctico que una persona inteligente como Rossana Rossanda prestase atención a por qué obreros metalúrgicos italianos que apoyan a las organizaciones sindicales más avanzadas votan sin embargo por los partidos de derecha y hasta por los racistas? Y también sobre ¿cómo gente que, como Ferrero, fue ministro del gobierno de Prodi, votó leyes infames y fondos para la aventura imperialista italiana en Afganistán, podrían comenzar a cambiar y ayudar a cambiar a los cientos de miles de militantes sociales de izquierda que siguen creyendo en la superación del capitalismo y, por qué no, que siguen pensando también que éste es el que pone en el orden del día las revoluciones, como hechos excepcionales y aparentemente repentinos, y, por consiguiente, que no es cuerdo excluirlas del futuro? Guillermo Almeyra es miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO. sinpermisoelectrónico se ofrece semanalmente de forma gratuita. No recibe ningún tipo de subvención pública ni privada, y su existencia sólo es posible gracias al trabajo voluntario de sus colaboradores y a las donaciones altruistas de sus lectores. 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www.enlacesocialista.org.mx 8 de septiembre de 2008